Demasiadas horas,
de autoflagelaciones de cara al espejo
que me dice "ya no serás la misma",
demasiadas horas
de llanto reprimido,
porque es necesario ser fuerte
contra el mundo, contra el azar
contra mi misma y mis demonios,
ser fuerte.
Demasiadas horas
de la soledad inquietante
afirmada en la pared
con esa sonrisa tan cruel
que dice "sólo me tienes a mi"
y vuelve a tener razón.
Quizás demasiadas horas
de ojos cerrados, de engaños
de sonreirle a la gente equivocada
que hoy no me devolvió la sonrisa
ni siquiera por piedad,
demasiado tiempo perdido
en el amor esquivo.
Demasiadas horas, demasiadas
para aprender de memoria
las grietas de mi techo
para memorizar palabras de Dickens, Jodorozky y Hesse
para huir del mundo siniestro
antes de dormir.
Demasiadas horas para odiar
corrompiendo la poca cordura que me queda
y aún así seguir al galope
de los latidos de mi corazón,
ávido de entrega, de pasión.
Demasiadas horas, sí
para una cabeza fugaz
que va al encuentro de tantos
mundos innombrables
que se escurren por sus dedos
y mueren en un papel.

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