a mi modo y con mis reglas
con tanta pasión que no era mi piel sino la tuya
ansiosa de sucumbir bajo las caricias de su legítimo dueño.
Yo te amaba,
con el vigor de mis años jovenes,
con la belleza de mis propias primaveras,
con la voz de mis dulces canciones,
con todo lo noble que podía ser.
Te amaba en mis delirios,
en las horas silenciosas que me dejaste sola,
en la angustia, el egoísmo, el vacío
más que cualquier otra, antes o después,
yo te amaba
por encima de tus defectos y los mios
incontables como estrellas.
Tanto, tanto que sólo pude arrancarte
del mismo modo en que se arrancan las costillas
la espina dorsal,
a puro grito, a fiebre, a mero llanto.
Te amaba,
aún te amo
masticando la melancolia
que me llevó a convertirme en papel y tinta.
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